Reflexiones en torno a la conmemoración del 8 de marzo de 2011
Antonia Santos Pérez y Marcela Tapia Ladino Instituto de Estudios Internacionales
Existen diversas interpretaciones acerca del origen del 8 de marzo Día Internacional de la Mujer. La más conocida es aquella que cuenta un hecho trágico ocurrido en Nueva York el año 1908, cuando 129 obreras de la fábrica textil Cotton fueron encerradas y quemadas vivas por los mismos dueños de la industria, luego de una larga y resistida huelga por mejorar sus condiciones laborales y salariales. Otras versiones retroceden más atrás, en hechos anteriores ocurridos en el siglo XIX. EN 1857 se realizó una marcha, convocada en el mes de marzo, por un sindicato de costureras de una fábrica neoyorquina, que reclamaba una jornada laboral de sólo diez horas. Diez años después, en 1867, también en el mes de marzo, tuvo lugar una huelga de planchadoras de cuellos de la ciudad de Troy, en Nueva York, quienes formaron un sindicato y pidieron un aumento de salarios. Después de tres meses de paro, las huelguistas se vieron obligadas a regresar al trabajo sin haber logrado su demanda. Por tanto, independientemente de la fecha elegida como referencia, el hecho común son las reivindicaciones femeninas en relación a su inserción en el ámbito público y su inserción en el ámbito laboral remunerado.
En Chile, la celebración del 8 de marzo se remonta a 1915 según la historia oral, pero no fue sino a partir de 1936 y por iniciativa del Movimiento Pro Emancipación de la Mujer Chilena MENCH que el 8 de marzo se celebró ininterrumpidamente. Desde esta fecha la conmemoración de este día, fue de la mano de la lucha de las mujeres chilenas por conquistar espacios y derechos. El derecho a voto, al estudio, a la salud, al trabajo y a la valorización del trabajo doméstico, por mencionar algunos.
A partir de 1975, por recomendación de la Organización de Naciones Unidas, se instó a conmemorar el Día Internacional de la Mujer el día 8 de marzo de cada año, como una forma de visibilizar la situación de las mujeres y de llamar a los diversos estados a tomar medidas que mejoraran su situación. En Chile, durante el Régimen Militar, numerosas organizaciones de mujeres lucharon por la vuelta a democracia, participaron activamente en las jornadas de protesta de los años 80 y denunciaron las violaciones a los derechos humanos. El slogan que dio la vuelta al mundo por esos años fue "Democracia en el país y en la casa".
Desde la recuperación democrática se han creado instancias públicas para abordar y proteger los derechos de las mujeres. Pero no fue hasta el 18 de agosto de 1998, cuando Chile acogió el llamado de la ONU instituyendo el día 8 de marzo como Día Nacional de la Mujer.
Al revisar la historia del 8 de marzo, podemos apreciar que son muchos los logros de las mujeres especialmente en el siglo XX. Según los analistas políticos, la lucha de las mujeres, ha sido uno de los movimientos sociales con mayor impacto en el siglo recién pasado, lo que permite catalogarla como una de las revoluciones más efectivas del siglo XX, basta mirar cómo era la vida de las mujeres hacia 1900 en Chile y cómo es hoy.
Para hacer este análisis retrospectivo es necesario distinguir a las mujeres en su diversidad. La gran mayoría trabajaba silenciosamente en su hogar y muchas veces fuera de él. Las mujeres pobres, habían comenzado un proceso de migración del campo a la ciudad, allí las esperaban los suburbios y los conventillos. Las mujeres de clase alta, llevaban una vida de ocio y limitada por las fronteras de la casa patronal. Las mujeres de clase media, habían comenzado un camino de reivindicación por los derechos de las mujeres. Es así que el ingreso a la universidad, hacia 1900, fue una de las primeras conquistas. Pero a pesar de las diferencias sociales, las pobres, las ricas y las del medio, compartían el mismo rol dentro de la sociedad, un papel secundario y subordinado, en el hogar, el trabajo, la educación y en la política. Eran consideradas menores de edad para administrar sus bienes, sin capacidad de elegir a sus representantes y si llegaban a realizar estudios superiores se interpretaba como un adorno que hacía más interesante al sexo débil
A pesar de todas las limitaciones, las mujeres chilenas se organizaron para conquistar el derecho a voto, primero en elecciones municipales y luego en las presidenciales y parlamentarias, recién en 1949. La segunda mitad del siglo XX, fue de organizaciones a nivel de base y su inserción en los partidos políticos. Numerosas conquistas se registran gracias a éstas acciones, fuero maternal, pre y post-natal, guarderías infantiles, acceso al trabajo, ampliación de los derechos civiles, acceso a medidas de planificación familiar y uno de los más recientes y emblemáticos, el reconocimiento de la violencia intrafamiliar como un problema público, entre otros.
No cabe duda que la vida de las mujeres que inauguramos el siglo XXI es cualitativamente mejor que la de aquellas mujeres que nos antecedieron en el siglo pasado. Sin embargo, todavía hoy persisten prácticas discriminatorias que afectan a las mujeres en general, pero se agudizan por la condición de pertenencia a una clase social, por el nivel educativo y por la etnia de origen. Prueba de ello es el actual debate sobre el nuevo proyecto de ley para ampliar el periodo postnatal. Por otra parte, no es un misterio ni causa el suficiente rechazo saber que en Chile una mujer percibe menos sueldo que un colega por el mismo cargo y las mismas exigencias, la inequidad salarial continúa siendo una demanda pendiente, así como la corresponsabilidad en las tareas domésticas y el cuidado de los hijos. Asimismo, si bien existe una ley que protege a las mujeres de la violencia intrafamiliar, siguen ocurriendo asesinatos de mujeres a manos de sus parejas o ex parejas: más de la mitad de las mujeres chilenas declaran haber sido víctimas de violencia en sus distintas manifestaciones y más de 40 han sido asesinadas a manos de sus pareja el año recién pasado.
Por tanto el 8 de marzo no es una fecha para congratularnos por la condición femenina sino para recordar, traer a la memoria y hacer presente, a modo de homenaje, a las miles de mujeres que lucharon por el reconocimiento de los derechos femeninos, una lucha tan básica y difícil como fue el reconocimiento pleno como personas. Nuestras mayores cuotas de libertad e independencia se deben al trabajo y sacrificio de otras mujeres que trascendiendo su rol tradicional lucharon por sus derechos y nos ofrecieron la posibilidad de una sociedad más equilibrada y equitativa. Esta herencia supone una responsabilidad por seguir ampliando y profundizando los logros obtenidos por nosotras y por las que vendrán. Conmemoramos para tomar conciencia de nuestro rol de mujeres, dueñas de casa, cuidadoras, madres y trabajadoras, de lo relevante que es nuestro quehacer día a día. Lo que nos invita a aportar a la construcción de un mundo más justo, desde los diversos ámbitos en que nos desenvolvemos, la universidad, la casa, el trabajo, etc. Este desafío implica un cambio cultural, que involucra a las mujeres y a los hombres, así en la medida que nos hagamos parte de este desafío será posible una sociedad más igualitaria sin diferencias por la condición de género. El 8 de marzo es una invitación al compromiso en la solidaridad y la igualdad en la diferencia para profundizar los logros y desatar los nudos de la desigualdad y la discriminación en razón del sexo.