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Discurso Inauguración Año Académico

ImagenAbrir un nuevo año académico es un ritual emotivo, que marca para nosotros el inicio de un nuevo año, nos une un proyecto común y este acto es una oportunidad para hacer una necesaria reflexión.

El pasado año y los casi tres meses que han transcurrido del presente, no han sido auspiciosos para Chile y el mundo, hemos sabido más de tragedias que de buenas noticias. El mundo universitario del que formamos parte y fiel a su misión de vinculación con el medio, expresa a través de mis palabras y sin duda que los represento a todos, nuestra más profunda y activa solidaridad con el pueblo japonés...Nos hermana una historia sísmica de la que debemos hacernos  cargo y todo indica que aquí, en nuestro litoral, debemos estar aún más preparados, y la Universidad en esto, tiene un rol muy importante.   Empero no es de desastres naturales y de su prevención que deseo hablarles en este día en que inauguramos el año académico 2011, aunque algo tienen en común: la necesidad de un cambio de mentalidad en nuestras acciones cotidianas.  Me refiero a los desafíos que enfrentamos como institución de educación superior en Chile y sus posibilidades de futuro.

Si bien todos hemos realizado esfuerzos por estabilizar el rumbo de nuestra universidad, debemos reconocer que si bien hemos mantenido un sostenido avance en algunas áreas, tenemos que estar concientes que hemos perdido competitividad en el escenario nacional e incluso en nuestra propia región.  Lo que significa que esos esfuerzos no han sido suficientes o la velocidad de los cambios deberían ser aún mayores, puesto que los escenarios donde estamos insertos se mueven rápidamente.   Vemos como universidades privadas que hace pocas décadas estaban recién emergiendo hoy lideran algunas los rankings académicos del país y, lo que es más notable, siguiendo las mismas directrices establecidas por el MINEDUC y CONICYT.   Estoy seguro que el rumbo que hemos tomado en estos tres años es correcto y así lo demuestra la acreditación institucional que hemos alcanzado, pero debemos acelerar y profundizar las acciones tomadas, generar un cambio cultural que los incorpore en el quehacer cotidiano, donde la calidad del trabajo sea el sello, donde el prestigio sea la norma.

Frente a este nuevo desafío que enfrentamos debemos hacernos preguntas profundas sobre nuestro destino como universidad pública, como universidad regional y, por sobre todo, como una Universidad que abarca todo el campo semántico de ese maravilloso concepto.

 A la Universidad se le atribuyen a mi parecer poderes similares al que tuvo Prometeo, ese Titán que poseía la capacidad de ver el futuro, que utilizó su conocimiento profético para favorecer a los hombres.  La Universidad posee la capacidad prospectiva de la ciencia, es ella, la esencia misma del quehacer universitario.  La Universidad es un Prometeo liberado, en el sentido que el pensamiento libre y la libertad de pensar es su principal característica.  Sin embargo, siento que esta universidad, nuestra Universidad Arturo Prat, esta encadenada, como lo fue el Titán de la mitología griega,  encadenado a una roca.  Encadenada en el sentido que arrastra una pesada carga financiera que fue heredada producto de una política  de expansión territorial que la llevó a un crecimiento hipertrofiado en la zona sur del país, lo cuál si bien en su momento se constituyó en una buena estrategia, luego ha motivado constantes y duras criticas desde diferentes sectores.   Es una realidad que la presencia Universitaria en el sur ha sido un aporte, mas hoy se visualiza como un fracaso financiero y una difícil administración de lo académico,  se nos insta a evaluar  y decidir.  No cuestiono los motivos que llevaron a implementar dicha política,  pero en lo concreto ha sido una verdadera cadena a esa capacidad prospectiva al servicio, a la sociedad nacional.   En cambio, hemos tenido que abocarnos a mirar hacia adentro para resolver problemas en el corto plazo perdiendo la necesaria mirada del Aleph universitario.   Con gran esfuerzo hemos logrado acreditar nuestra universidad, ha sido como liberarnos de uno o dos eslabones de esa cadena, pues los plazos han sido tan breves que no nos ha permitido tener la necesaria reflexión sobre la verdadera misión de la universidad.

Este problema financiero que hemos heredado, y que metafóricamente he definido como la cadena de Prometeo, no es sólo financiero, pues tiene otra dimensión que es aún más preocupante : el ámbito académico, donde la jerarquización es nuestro talón de Aquiles y que debemos enfrentar con criterio de realidad, pero con rigurosidad y sentido de justicia.

 La necesidad de resolver el problema financiero no ha permitido que alcancemos un capital cultural como sería lo deseable, a pesar que hemos realizado un esfuerzo importante en perfeccionamiento y en el financiamiento de proyectos de iniciación en investigación científica..., estamos concientes que no han sido suficiente para alcanzar los indicadores necesarios que hoy se exigen para una acreditación en esas áreas.   Debemos romper más cadenas para introducirnos en un círculo virtuoso, donde la formación de capital humano avanzado, más la investigación científica y tecnológica, se traduzcan en una mejor docencia de pre y postgrado, los indicadores requeridos por el MINEDUC llegarán como las aguas de un río por gravedad, siendo los estudiantes los principales beneficiados y la sociedad por añadidura.

 En estos años hemos tenido que invertir un tiempo precioso en reposicionar la imagen y el prestigio de la Universidad ante autoridades e instituciones, dar explicaciones por lo realizado  años atrás que estoy seguro se hizo pensando en el bien de la universidad, precisamente ante el peligro que significaba la paulatina desaparición de lo "estatal" en la educación superior chilena y una obligada inserción en el mercado.  Fue por ello que se intentó operar con esas herramientas mercantiles, re-conceptualizando a la universidad como una empresa o cuasi-empresa, a los estudiantes como clientes, y a los profesores como prestadores de servicios.   No debe extrañarnos de este enfoque que se adoptó en nuestra universidad pues no ha sido exclusivo de ella, al contrario, y esto es lo más doloroso fue un síntoma de los tiempos recientes,... nuestra responsabilidad (de todos) ha sido tal vez una suerte de aceptación pasiva ante lo ocurrido.    El filósofo chileno Jorge Acevedo lo describe muy bien:   "el carácter radicalmente técnico de nuestra época tiende a constituir a la Universidad como un dispositivo tecnológico semejante a una fábrica, una factoría, un complejo industrial, una entidad financiera.  La gestación, la gestión, las relaciones humanas dentro de ella, propenden a igualarse con la de los demás dispositivos tecnológicos de la sociedad. Poco a poco, la Universidad va dejando de ser un poder espiritual dentro de la Nación.  El concepto de universidad como alma mater, madre nutricia, pasa a segundo plano o se desvanece por completo".     En Chile se esta volviendo a recuperar esa misión esencial de toda universidad y en ello están abocadas la mayoría de las instituciones de educación superior, no podemos ser la excepción que termine claudicando ante la tecnificación del saber. 

Jacques Derridá nos dice que la Universidad Moderna debe ser sin condición, es decir no podemos hablar de universidad y hacer otra cosa.  Somos también herederos de la antigua universidad clásica europea y de la moderna universidad de los estados democráticos de América.   Esa universidad, dice Derridá, "exige y se le debería reconocer en principio, además de lo que se denomina la libertad académica, una libertad incondicional de cuestionamiento y de proposición, e incluso, más aún si cabe, el derecho de decir públicamente todo lo que exige una investigación, un saber y un pensamiento de la verdad.     Por enigmática que permanezca, la referencia a la verdad parece ser lo bastante fundamental como para encontrarse, junto con la luz (Lux), en las insignias simbólicas de más de una Universidad".  El emblema de la UNAP no tiene la luz pero tiene incluida todos los símbolos de nuestra identidad, la necesaria identidad universidad - sociedad regional.

 Derridá también nos dice que "la universidad hace profesión de la verdad. Declara, promete un compromiso sin límite para con la verdad".   Yo agrego que la universidad hace de la verdad una profesión y forma profesionales inspirados por ella:  esa es el alma mater.

Estimados todos, hemos intentado en estos tres años de Gobierno Universitario recuperar el sentido de la universidad, su verdadera misión y esa capacidad prospectiva, pero no ha sido fácil, porque para ello requerimos del compromiso de todos: académicos, estudiantes, administrativos.

 Algunas cadenas que debemos romper son aquellas que han posibilitado la proliferación de docentes "repetidores", antiguamente se les llamaba "profesores filmina", hoy dependen del power point que, sin duda es una herramienta pedagógica fundamental, pero es eso: una herramienta, no es el fin mismo de la clase.  Quisiera que para la próxima premiación de los mejores docentes, éstos nos deleiten con una clase magistral, al igual que lo están haciendo nuestros nuevos doctores desde el año 2010.  También, no es posible ver a los investigadores alejados del aula, se podrá entender la falta de alumnos en pregrado, entonces se abre una oportunidad en el postgrado, donde precisamente mejor se desempeñan los buenos científicos y estos mismos postular  a una mayor fuente de financiamiento con proyectos que requiere  el desarrollo de la región.

Mi mayor temor ha sido que esta mirada hacia adentro, tan necesaria hoy, nos esté alejando del sentido y razón de nuestra existencia: la sociedad que nos cobija.  La sociedad y la universidad son un mismo fenómeno, dos caras de una misma moneda.  La docencia, la ciencia y la extensión sólo son en la medida que la sociedad las requiera, pero es la Universidad donde surgen las nuevas ideas que la sociedad después hace suyas, es aquí el lugar del pensamiento crítico y de las visiones de futuro.  Los Gobiernos locales, regionales y nacionales por ello buscan la capacidad instalada de las universidades para confiarles sus proyectos de desarrollo local, regional o nacional.

Amigos todos, me regocija ver a los académicos de nuestra universidad opinando como especialistas en lo campos de la ciencia, como la oceanografía, la agricultura del desierto, los recursos hídricos, la enseñanza del inglés como segunda lengua, el derecho, la metalurgia, las relaciones internacionales, la salud de altura, la interculturalidad, la medicina deportiva, etc.   ¡Son ellos a los que siguen los alumnos.!  Tenemos el mejor cuerpo docente de la región de Tarapacá, no sólo en cantidad de doctores y magíster sino en producción intelectual.  Los alumnos de pre y postgrado no se equivocan con nosotros, estamos viviendo un momento crítico pero nos hemos preocupado de seguir liderando el quehacer universitario regional.  Aún nos eligen porque no sólo somos la mejor universidad regional, sino porque tenemos sentido de lo público, le damos un espacio al arte y la cultura, ¡Qué importante es esto! y la UNAP es la única que realiza investigación científica y tecnológica.

Comunidad Universitaria, considero que es fundamental la existencia de pequeñas comunidades académicas, que generalmente están ubicadas en los departamentos, escuelas, centros e institutos de la Universidad.  Mejor aún si forman parte de comunidades científicas, como las entiende Thomas Kuhn, a nivel nacional e internacional.  Ello nos fortalece y nos prestigia.  Sin embargo, una cosa muy diferente es la existencia de grupos que quieran velar por sus intereses particulares con la finalidad de conservar sus privilegios y su reproducción, sin tomar en consideración el marco general de la universidad, especialmente en momentos de crisis.  Me preocupa la posible emergencia de una plutocracia en nuestra organización que, si así fuera, sería la perdición total de la Universidad, sería la muerte de su alma y el fracaso de todo proyecto de superación de las crisis financiera y académica actuales.  Estoy confiado que ese fenómeno no ha surgido ni surgirá.  En cambio, confío que nos uniremos, repito "confío que nos uniremos" en un solo cuerpo académico, estudiantil y administrativo, donde las medidas estructurales que son necesarias tomar serán de consenso y de largo plazo.

Por lo mismo esta Clase Magistral cuya noción exacta es algo hecho con maestría, de manera magistral, cumple hoy con dos características que simbolizan el espíritu que debe primar este año en nuestra Universidad, calidad y compromiso con los temas sentidos de la región, el país, y el alma universitaria. El tema y el conferencista, señor José Rodríguez Elizondo, no podían ser  más adecuado, un destacado académico de la Universidad de Chile, -alma mater de la nuestra-, con una trayectoria nacional e internacional, experto en temas a los que somos cercanos y sensibles,.... somos una región lejana de la capital, más cercana físicamente a los países frontera, su presencia nos permitirá mostrar a la comunidad algo esencial en una Universidad, como es estar y ser  el centro de la discusión.

Sí, mis queridos amigos todos, autoridades, académicos, estudiantes y funcionarios, el pensamiento universitario, crítico, dialéctico, reflexivo y auto-reflexivo, debe promovernos las necesarias luces y herramientas para generar una cultura del diálogo y la participación, y desde esto avanzar hacia las necesarias transformaciones que permitan alcanzar la meta común de ser una Universidad pública de calidad reconocida, al servicio de la sociedad.

Confiado en que tenemos las capacidades para abordar los desafíos que se nos presentan, doy por inaugurado el año académico de la Universidad de la Primera Región Tarapacá, la Universidad de Iquique con 45 años de trayectoria, vuestra Universidad Arturo Prat.         Éxito