MÉTODOS DE ESTUDIOS UTILIZADOS POR ESTUDIANTES ADULTOS TRABAJADORES
Reflexión Académica
2025,1
Cada viernes, cuando el reloj marca las siete de la tarde, los estudiantes adultos trabajadores de la carrera de Ingeniería Comercial comienzan una jornada distinta. Afuera, la ciudad se prepara para el descanso del fin de semana; adentro, en las aulas de la Universidad Arturo Prat, ellos se disponen a iniciar tres horas de clases después de una semana laboral que rara vez deja respiro. Llegan con el cansancio acumulado, algunos todavía con la ropa de trabajo, otros con un café caliente entre las manos, intentando recuperar energía antes de abrir el cuaderno o encender el computador.
Al día siguiente, el compromiso se renueva. Los sábados, desde las ocho y media de la mañana hasta pasadas las tres de la tarde, la universidad se convierte en su segundo hogar. La luz de la mañana entra por las ventanas mientras se revisan apuntes, se discuten casos y se resuelven ejercicios. No es raro ver a alguien llegar con un desayuno improvisado en la mano o repasando contenidos en los pasillos antes de entrar a la sala. Son horas intensas, en las que la concentración debe sostenerse sin ceder al cansancio físico ni al peso de las preocupaciones externas.
Sus métodos de estudio nacen de esta realidad. El repaso no siempre se hace en un escritorio en silencio; muchas veces ocurre en el trayecto en transporte público, en un rincón de la oficina durante la hora de colación o en la cocina, mientras la comida se prepara. Resúmenes breves, esquemas visuales y grabaciones de clases se convierten en aliados indispensables para aprovechar cualquier momento disponible. El trabajo en grupo, ya sea en persona o en línea, sirve no solo para reforzar contenidos, sino también para mantener la motivación alta en los momentos en que el agotamiento amenaza con imponerse.
La experiencia laboral de cada uno actúa como un puente entre lo que se enseña y lo que se vive día a día. Los conceptos no quedan en el plano teórico; encuentran rápidamente aplicación en situaciones reales, lo que da sentido al aprendizaje. Sin embargo, este capital de experiencia convive con el desgaste de quienes deben cumplir con múltiples roles sin margen de pausa. Allí es donde la resiliencia, más que una palabra, se convierte en una práctica diaria.
La motivación que los impulsa no se limita al deseo de obtener un título. Hay una meta más profunda: abrir nuevas oportunidades, demostrar que el esfuerzo sostenido transforma realidades y dejar un ejemplo vivo a sus familias. Cada viernes por la noche y cada sábado de jornada completa son un recordatorio de que avanzar es posible, incluso cuando el tiempo y la energía parecen insuficientes.
Esta experiencia nos interpela como docentes y como institución. No basta con impartir contenidos; es necesario reconocer las historias que acompañan a cada estudiante y diseñar estrategias que dialoguen con su contexto. Cuando la universidad se convierte en un espacio flexible y comprensivo, capaz de adaptarse a la vida de quienes estudian y trabajan, la educación deja de ser un trámite y se transforma en una fuerza capaz de cambiar no solo carreras profesionales, sino proyectos de vida completos.
Irving Cadamuro Inostroza
Académico e investigador en andragogía
Ph. D in business administration
Magíster en docencia en educación superior
Magíster en desarrollo curricular y proyectos educativos
Magíster en finanzas
