LA DOCENCIA ANDRAGÓGICA COMO ACOMPAÑAMIENTO AL PROYECTO DE VIDA DEL ESTUDIANTE TRABAJADOR

Reflexión Académica.

Universidad Arturo Prat - CDV Santiago.

Volver a estudiar en la adultez es una decisión profundamente humana. Quienes lo hacen suelen cargar con jornadas laborales extensas, responsabilidades familiares ineludibles y un desgaste acumulado que no siempre se percibe en el aula. Aun así, persisten. No buscan únicamente un título, sino una oportunidad concreta de avanzar, de ofrecer mayor estabilidad a sus familias y de resignificar su propia trayectoria. En este escenario, la educación superior deja de ser un trámite académico y se transforma en un proyecto de vida (Knowles et al, 2015).

Desde la andragogía, enseñar a estudiantes adultos trabajadores implica reconocer esa historia previa y darle un lugar legítimo en el proceso formativo. El adulto aprende cuando comprende el sentido de lo que estudia y cuando percibe que su experiencia es valorada. Por ello, la docencia no puede reducirse a la exposición de contenidos; requiere diálogo, respeto y claridad. Establecer normas y criterios académicos firmes no es incompatible con la cercanía, sino que ofrece un marco de seguridad que facilita la autorregulación y el compromiso, especialmente en contextos donde el tiempo y la energía son recursos escasos (Merriam y Bierema, 2014).

La vocación docente se expresa, muchas veces, en acciones sencillas pero significativas: elegir ejemplos que conecten con la realidad laboral del estudiante, comprender el cansancio sin disminuir la exigencia, o ajustar una estrategia cuando el grupo lo necesita. Enseñar desde la andragogía no significa facilitar el camino, sino hacerlo pertinente. La innovación, en este sentido, no es una moda ni un recurso aislado, sino la capacidad de leer el contexto y responder con criterio profesional, manteniendo siempre el foco en aprendizajes útiles y duraderos (Brookfield, 2013).

La calidad de la docencia se hace visible cuando el aula se transforma en un espacio de confianza, donde el conocimiento se construye a partir de problemas reales y experiencias compartidas. Allí, el aprendizaje cobra sentido porque dialoga con la vida cotidiana del estudiante adulto. Este proceso favorece aprendizajes transformadores, en los que el estudiante revisa sus supuestos y resignifica su experiencia previa, generando cambios personales y profesionales significativos (Mezirow, 2000).

Este proceso no depende únicamente del docente. La universidad cumple un rol decisivo al reconocer, en sus políticas y prácticas, la realidad del estudiante adulto trabajador. El acompañamiento oportuno, la flexibilidad estructural y una cultura institucional empática no solo favorecen el aprendizaje, sino que validan el esfuerzo silencioso de quienes estudian contra el cansancio y las limitaciones del tiempo. Cuando la docencia andragógica y el apoyo institucional se articulan de manera coherente, la educación superior se convierte en una experiencia transformadora, capaz de abrir caminos reales de desarrollo y dignificar el acto de aprender a lo largo de la vida.

Referencias bibliográficas

Brookfield, S. D. (2013). Powerful techniques for teaching adults. Jossey-Bass.

Knowles, M. S., Holton, E. F., & Swanson, R. A. (2015). The adult learner: The definitive classic in adult education and human resource development* (8th ed.). Routledge.

Merriam, S. B., & Bierema, L. L. (2014). Adult learning: Linking theory and practice. Jossey-Bass.

Mezirow, J. (2000). Learning as transformation: Critical perspectives on a theory in progress. Jossey-Bass.

 

Irving Cadamuro Inostroza

Académico e investigador en andragogía

Ph. D in business administration

Magíster en docencia en educación superior

Magíster en desarrollo curricular y proyectos educativos

Magíster en finanzas

Puede enviar sus comentarios desde este formulario:
Nombre (*):
Apellido (*):
Correo electrónico (*):
repita su correo (*):
Universidad:
Cargo:
Comentario:


flecha ir arriba