A Margot
La partida de Margot Loyola y su invaluable y rico aporte al patrimonio e identidad nacional, representa la pérdida de una mujer, que gracias a esto careció de región o nacionalidad.
Este oxímoron, lo establezco luego que todo su trabajo, producto de su inquietud por internarse por las profundidades de un Chile popular, le permitió desmarcarse de espacios geográficos, ungiéndose como una figura latinoamericana, que fue tras los rastros de una América morena, andina e indigenista.
Al igual que Violeta Parra, Raúl Ruiz y otros tantos creadores nacionales, Margot Loyola se hizo parte del desafío de hacer visible, lo que el Estado pormenoriza, resaltando las expresiones artísticas de un pueblo, que a través de sus melodías y ritmos establece una identidad común, pese a sus diferencias geográficas.
Tal como Darwin a bordo del Beagle, nuestra Doctor Honoris Causa (2010), a través de un largo viaje recorrió cada espacio de Chile, recogiendo cada vestigio identitario, reconstruyéndolo y volviéndolo al legado tradicional musical.
Su paso durante la década del 50, del siglo pasado por los puertos, valles y altiplano de nuestra querida frontera y su trabajo de rescate histórico y antropológico en las danzas y cantos a las fiestas religiosas, como La Tirana y Las Peñas y toda la migración que ejercen las familias anualmente para dar vida a estos encuentros tan propios del norte, grafican su huella y legado
O la pasión que estableció al relacionarse con la rica variedad de cultores del tradicional Cachimbo en sectores como Pica, Mamiña, Tarapacá o Matilla, exhibe uno de los tantos legados dejados por nuestra colaboradora y amiga.
Y así, al igual como nuestra Universidad Arturo Prat en la transfrontera, Margot Loyola Palacios, a través de su legado, insiste en la idea de ocuparnos e insistir por nuestra historia, aquella antigua, popular y muchas veces descuidada por la versión oficial y que nos habla de un espacio sin límites, integrado y con más similitudes que diferencias, como es Latinoamérica.
