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Columna Rector hasta 2019
Inclusión y centralismo
Inclusión y centralismo
Diario La Tercera.com
Poco se sabe de regiones, en especial de aquellos espacios extremos y fronterizos, que nosotros por la densidad que experimentamos con la alta movilidad migratoria, denominamos como transfronterizos.
Este desconocimiento del Estado-Nación sobre las complejidades que enfrentan estas regiones transfronterizas, se hizo patente hace un par de semanas, cuando autoridades de instituciones privadas, en su mayoría representantes de entidades educativas, ligadas al ámbito empresarial y confesional, ejercieron una férrea defensa de sus intereses económicos, exponiéndonos como ejemplos del mal que ejercería que universidades como la Arturo Prat, Los Lagos y Tecnológica Metropolitana, se adscribieran a la gratuidad.
Es así, con todos los medios a su disposición, ejercieron discursos errados, cargados de ideologías y en especial en el desconocimiento propio de las élites, abstraídas de toda la dinámica y complejidad que lleva a desarrollar, día a día, una universidad estatal en el extremo norte.
La Universidad Arturo Prat, tal como establece Maturana y Varela en la teoría de la autopoiesis, en su historia se ha establecido como un sistema que ha debido sucumbir ante el olvido del Estado, manteniéndose por sí mismo.
El bajo Aporte Fiscal Directo, que alcanzó este año a los 2 mil quinientos millones de pesos, heredado de un periodo aciago y de excepción, no representan para nosotros una excusa para dar cumplimiento al desarrollo regional y fomentar la movilidad social, permitiendo que durante el 2015 más del 90% de nuestros estudiantes que ingresan a través del sistema PSU, alcancen una beca o beneficio y que similar número de los egresados provienen mayoritariamente de las comunas de Iquique y Alto Hospicio.
El ingreso a la gratuidad, que en la U. Arturo Prat beneficiará a alrededor de cinco mil estudiantes, no solo contribuirá al desarrollo de la casa de estudios superiores, sino más bien al crecimiento de una región, históricamente postergada y que demanda con urgencia la necesidad de un mayor capital humano, que no solo permita contribuir al impulso de proyectos locales, sino también a contribuir a una sociedad civil más y mejor informada, permitiendo de esta forma la elección de autoridades probas.
De esta forma, creemos que la UNAP, pese a las limitaciones económicas que enfrenta, avizora desde el 2016 un punto de inflexión, que concuerda con los 50 años de existencia del plantel que surge inicialmente como sede de la Universidad de Chile, luego reducida al Instituto Profesional de Iquique y posteriormente comienza un proceso de consolidación, pero lleno de turbulencias, como Universidad Arturo Prat.
Así, apostamos por el plan de desarrollo y acompañamiento, propuesto por el Mineduc, pero sí advirtiendo que éste debe venir cargado de particularidades territoriales: una universidad transfronteriza, con bajos aportes estatales y una deficitaria puntuación tanto en el Simce como en la PSU, que incorpora a estudiantes vulnerables, que deben conjugar estudios y trabajos.
Lo importante es que el plan sea de desarrollo, ya que de asistencialismo ya hemos tenido bastante en nuestra historia.
