Jueves 2 de febrero de 2017

Redes Sociales

Durante la década del 60, el filósofo canadiense Marshall McLuhan, describió proféticamente al mundo como un espacio donde no existe armonía, pero sí extrema preocupación e involucramiento por los asuntos de los demás, situándonos en una "Aldea Global" que a la vez es tan grande como un planeta y pequeña como una oficina de correo de pueblo.

Comienzo con este análisis, para contextualizar los funestos hechos vividos en el centro y sur del país y como a partir de este suceso, desnudamos una crisis que va más allá de la emergencia y los daños colaterales.

La desinformación, paradójicamente en la llamada "sociedad de la información", ha permitido en esta contingencia, dejar en claro lo fácil que es construir una realidad, a partir de elementos inexactos y antojadizos, cuyo objetivo es sacar ventajas políticas, primando el bienestar individual por sobre el colectivo.

Lo que leemos a diario, en especial por las redes sociales, grafica claramente lo que Jesús Martín Barbero, argumenta como una crisis de identidad en una sociedad de la información, ligada a una lógica de mercado, que pautea la producción y circulación del conocimiento, dejando atrás la concepción de una sociedad integral, regulada, conflictiva y negociadora, para transitar a una dual, informatizada y desregulada.

Esta lógica, se nutre de la baja cultura cívica, es decir del escaso conocimiento que tienen los individuos, acerca del rol con las que cuentan las instituciones y actores, influyendo a través de sus opiniones y actitudes en decisiones estratégicas, que adoptan los tomadores de decisiones, precisamente por la presión de la ciudadanía.

Esta presión, muchas veces, la vemos ejercer sin una articulación social, pudiendo desde una manera anónima, pero sin un objetivo claro, convertir un simple rumor sin fundamento en una certeza.

Así, nos situamos en un proceso de la historia, donde evadimos la discusión pública, que permita superar estos conflictos, a través del acuerdo y la cooperación, ubicándonos en el anonimato, relegando el deseo de un mejor espacio público, que nos permita alcanzar un desarrollo más profundo.