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Alejandra Maco Bustamante, Académica de Psicología en UNAP Sede Victoria: estabilidad e inestabilidad en tiempos de crisis

Artículo que entrega diversos consejos para afrontar esta nueva realidad

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Parecía paradojal cuando filósofos de la antigüedad y teóricos contemporáneos señalaban que "lo único permanente es el cambio". Nuestra forma de pensar y organizar la realidad nos permite dar un orden a la vida cotidiana y a la representación de un sentido de permanencia y durabilidad de nuestros bienes, proyectos, planes, relaciones sociales y familiares que permiten mantener nuestra estabilidad psicológica y emocional.


Cuando surge una situación desconocida y peligrosa, como la pandemia, se rompe la estabilidad o "normalidad". Lo previsible es sustituido por la incertidumbre, esto es, no saber cómo estaremos en una semana o en quince días más; aparecen estados prolongados de alerta frente a la amenaza, nuestro cerebro responde al estrés liberando adrenalina y cortisol para actuar en un momento de peligro.


La pandemia de COVID-19 es un estresor permanente que incide en nuestra calidad de vida, porque el cuerpo se mantiene prolongadamente activado para hacer frente a la amenaza.


Surgen emociones básicas como el miedo a enfermar, a contagiar a nuestra familia, a perder a nuestros seres queridos o a morir; temor e inseguridad por la inestabilidad laboral y económica; tristeza por el aislamiento social y sentimientos de soledad. La rutina en casa puede provocar irritabilidad, ansiedad o angustia.


Reconocer, identificar y aceptar lo que nos ocurre a nivel emocional, por una parte, disminuye la intensidad de las sensaciones y emociones displacenteras que nos invaden y, por otra parte, aparecen pensamientos optimistas que intencionan o movilizan la búsqueda de formas más adaptativas de organizar nuestro día a día.


Se recomienda en tiempos de crisis establecer algunas acciones tales como mantener los horarios del sueño, levantarse cercano al horario en que se salía a trabajar o hacer actividades cotidianas; y escuchar o ver noticias al mediodía o a la tarde, no al despertar o antes de dormir. Esta práctica no implica negar la realidad, sino tomar nosotros la decisión sobre qué vemos y cuándo lo vemos, fortaleciendo el control de nuestras acciones. También es importante mantener la rutina de levantarse, asearse, elegir la ropa y arreglarse para romper la sensación de continuidad de "otro día más igual al anterior" y vivir el nuevo día.


Es esencial comunicarse con amistades, familiares, vecinos o grupos sociales a través del teléfono, celulares y chat, manteniendo de este modo su red de apoyo social y emocional.


Se sugiere, en lo posible, acceder a la naturaleza, la luz solar, cultivar plantas, aprender a hacer algo que estaba pendiente y alimentarse de modo saludable. Crear nuevas rutinas o mantener algunas de las acostumbradas es un buen anclaje para desarrollar conductas flexibles, adaptativas y creativas para mantener el control de nuestras vidas y afrontar creativamente la nueva realidad.


Si siente que los estados de tristeza permanecen por mucho tiempo, o bien la ansiedad es tan alta que puede transformarse en ataques de pánico, debe buscar ayuda con un profesional de la salud mental con la finalidad de ayudarnos a manejar la adversidad.