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Jueves 1 de octubre de 2026

Dos biotecnólogas UNAP hacen historia: de la academia a la Empresa de Base Científico-Tecnológica

Maite Villalobos y Michelle Cifras se adjudicaron el VIU 2026 de ANID con proyectos que nacen en los laboratorios de la Facultad de Recursos Naturales Renovables (FAREN) y apuntan a convertirse en las primeras EBCT de Tarapacá. Parte de esta iniciativa es seguida y apoyada de cerca por la Dirección General de Innovación de la Universidad Arturo Prat.

En un laboratorio de biotecnología de nuestra Facultad de Recursos Naturales Renovables, entre tubos de ensayo y conversaciones que parecían sueños, Maite Villalobos Pérez y Michelle Cifras Céspedes comenzaron a gestar dos ideas que hoy son una realidad: ambas se adjudicaron el Décimo Sexto Concurso de Valorización de la Investigación en la Universidad (VIU) 2026 de ANID, en la línea alimentos, y avanzan firmemente hacia la creación de Empresas de Base Científico-Tecnológica (EBCT).

Ella son las protagonistas de una historia que no termina en un paper. Y precisamente ese es el horizonte: que la ciencia aplicada que se hace en la UNAP se transforme en empresas que generen valor para el territorio.

PRESIÓN

Para Michelle Cifras Céspedes, ingeniera en Biotecnología UNAP y actual directora de la Plataforma biotecnológica Novayeast —levaduras nativas de la Pampa del Tamarugal para la producción de vinos bajo en alcohol con identidad sensorial diferenciada—, la noticia llegó con emociones encontradas.

"La verdad que en lo personal sentí mucha presión al comienzo. Obviamente me sentí muy feliz al conocer la noticia, pero luego uno se encuentra con la exigencia que conlleva ser directora de un proyecto. El cambio es brutal. Eso te lleva a hacer la reflexión de cómo encaminar el proyecto o qué rumbo debe tomar y es cuando te pones los pantalones y comienzas a tomar decisiones como directora de proyecto que soy ahora. Asimilar todo eso cuesta bastante", confiesa Michelle.

En tanto la también Ingeniera en Biotecnología, Maite Villalobos Pérez, actualmente es estudiante del Magíster en Biotecnología UNAP y directora del proyecto Desarrollo prototipo de inoculante bacteriano nativo del Desierto de Atacama para la modulación del vino, lo vive desde otra vereda: "Yo lo veo como una satisfacción personal y profesional. Adjudicarse un fondo ANID, en mi caso siendo estudiante de magíster, es muy gratificante para lo que estás haciendo con tu investigación. Este logro es algo que te dice que estás haciendo bien las cosas. Por otro lado siento que hay que darle un valor a lo que se hace en la universidad, somos estudiantes recién tituladas y lograr algo inicial te entrega una doble satisfacción".

UNA IDEA

Ambas se conocen hace años. Compartieron tesis, laboratorio, conversaciones y sueños. Y de esas conversaciones surgió lo que hoy es una realidad.

"En el laboratorio creo yo que hablamos sobre esta idea, incluso con Michelle tenemos una experiencia muy cercana, ya que al hacer nuestras tesis juntas compartíamos muchas ideas. Es importante dónde se crea la idea. A lo mejor si nosotras no hubiésemos estado en el mismo espacio no nos habríamos apoyado en los distintos procesos que llevamos adelante. Nosotras siempre dijimos que manifestamos este proyecto. Una vez estábamos en el laboratorio y mientras conversábamos nos convencíamos de que lo íbamos a ganar y así fue", recuerda Maite.

LOS MENTORES

Detrás de cada proyecto hay un equipo. En el caso de Michelle, la Dra. Lía Ramírez Fernández ha sido fundamental: "La relación que hemos tenido con la profesora Lía Ramírez, desde lo experimental, trabajando con organismos vivos, ha sido de altos y bajos, ya que es demasiado complejo trabajar con ellos porque no sabes cómo se van a comportar. Esto te lleva a ir variando de una idea a otra y es aquí donde el apoyo y la guía de la profesora han sido fundamentales". Maite, por su parte, ha trabajado durante años junto al Dr. Alexis Velásquez Sáez en distintas etapas de su formación profesional.

"Aquí hay un trabajo súper importante y un acompañamiento que es necesario. El acompañamiento que hace la academia en este tipo de ideas es vital. Es base de todo lo que tú construyes. En mi caso llevo dos tesis realizadas junto al profesor Alexis Velásquez, él dirigió mi tesis de pregrado y ahora está dirigiendo la de magíster. Poder llevar este camino con alguien que te acompaña, refuerza la idea, enseña y ayuda a entender es importante porque al final de cuentas, es uno la que genera la idea, es propia, pero con un respaldo enorme".

A este acompañamiento se suma el trabajo de Claudia Araya, gestora tecnológica, y Juan Peiñan, mentor de negocios, profesionales de la Dirección General de Innovación de la Universidad Arturo Prat, quienes asesoraron técnicamente ambos proyectos durante el proceso de postulación.

MUJERES EN LA CIENCIA

Consultadas sobre el rol de la mujer en la ciencia aplicada, ambas tienen reflexiones potentes.

Michelle pone el foco en el privilegio y la historia: "Siento que he sido privilegiada ya que el entorno que me ha tocado no me hace cuestionar qué es ser mujer en la ciencia, porque siento que lo hago igual que cualquier otra persona. Sé que no siempre fue así y que hubo mujeres a las cuales se les negó el acceso a la educación. Tuvieron que luchar para poder estudiar, incluso muchas se hicieron pasar por hombres para poder hacerlo y es gracias a esas mujeres por lo que hoy tengo este privilegio".

Maite, en tanto, destaca el avance y lo que viene: "Para mí es muy significativo porque actualmente el rol de la mujer en la ciencia ha ido escalando, pero aun nos falta mucho. Siento que haberme adjudicado este fondo, siendo científica de región es súper gratificante. Cada vez somos más mujeres en la ciencia y poder llevar a cabo esta idea desde la región, creo que le da un valor agregado. Hemos avanzado mucho, pero aun podemos avanzar más. Ahora con Michelle somos el claro ejemplo de que podemos hacer ciencia en la región".


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