Viernes 31 de julio de 2026

Descubren una nueva bacteria simbionte de la almeja gigante que revela un ecosistema inédito en aguas profundas.

El hallazgo, publicado en la prestigiosa revista Scientific Reports, revela una nueva especie de bacteria que habita en una almeja gigante a casi 2.800 metros de profundidad y aporta pistas sobre cómo prospera la vida en uno de los ambientes más extremos del planeta.
Mientras la mayor parte de la vida en la Tierra depende de la luz del Sol para sobrevivir, en las profundidades de la Fosa de Atacama existe un ecosistema que desafía esa regla. Allí, donde la oscuridad es absoluta y la presión es cientos de veces superior a la de la superficie, un equipo internacional, entre los que participaron investigadores de la Universidad Arturo Prat (UNAP), descubrió una nueva bacteria capaz de obtener energía a partir de compuestos de azufre, lo que sostiene una compleja red de vida hasta ahora desconocida para la ciencia.

El estudio fue publicado en la revista científica Scientific Reports, por este equipo internacional entre los que aparecen como coautores el  investigador de la Universidad Arturo Prat, Dr. Guillermo Guzmán y  el profesional del Museo del Mar de esta Casa de Estudios Superiores, Alexis Gacitúa, una de las publicaciones internacionales de mayor impacto en investigación multidisciplinaria,  describiendo la bacteria Candidatus Vesicomyosocius atacamensis, encontrada viviendo en simbiosis con una nueva especie de almeja gigante del género Archivesica, descubierta a 2.839 metros de profundidad frente a las costas de Antofagasta.

La expedición científica se desarrolló en mayo de 2024 a bordo del buque oceanográfico Falkor (too), del Schmidt Ocean Institute. Gracias al robot submarino SuBastian, los investigadores pudieron explorar zonas nunca antes observadas con este nivel de detalle y recolectar organismos procedentes de uno de los ambientes más extremos del océano.

UN MUNDO QUE VIVE SIN LUZ
A diferencia de la mayoría de los ecosistemas del planeta, donde la energía proviene de la fotosíntesis, en estas profundidades la vida depende de la quimiosíntesis: un proceso mediante el cual los microorganismos transforman compuestos químicos presentes en el agua y los sedimentos en materia orgánica, convirtiéndola en la base de toda la cadena alimentaria.

El académico e investigador de la Facultad de Recursos Naturales Renovables de la Universidad Arturo Prat, Dr. Guillermo Guzmán, explicó que este descubrimiento confirma la existencia de un ecosistema completamente distinto al que se observa en la superficie. "Lo que ocurrió fue que se descubrió un nuevo ecosistema basado en la generación de materia orgánica mediante quimiosíntesis, y no por fotosíntesis, como ocurre en el resto del planeta”.

El investigador detalló que las bacterias utilizan compuestos sulfurados liberados naturalmente desde los sedimentos marinos para producir la materia orgánica que alimenta a numerosos organismos, entre ellos una almeja gigante que puede alcanzar cerca de 20 centímetros de longitud y que se estima que tiene alrededor de un siglo.

NUEVAS PREGUNTAS
El estudio reveló que más del 99 % de los microorganismos presentes en las branquias de esta almeja corresponden a la nueva bacteria, lo que confirma que ambas especies mantienen una estrecha relación simbiótica que permite la supervivencia del ecosistema. Además, los análisis químicos e isotópicos demostraron que la energía que sostiene a estos organismos proviene principalmente de la oxidación del azufre y no del metano, como ocurre en otros ambientes similares en el mundo, incluyendo las emanaciones frías de metano frente a Concepción.

Para los investigadores, este descubrimiento representa mucho más que la identificación de una nueva bacteria.

"Estamos descubriendo especies completamente nuevas para la ciencia. Solo en un área muy pequeña recorrida por el robot encontramos cerca de 120 especies, varias de ellas desconocidas hasta ahora", destacó Guzmán.

DESCIFRANDO EL OCEANO PROFUNDO
Uno de los aspectos más relevantes del trabajo es que las condiciones observadas frente a Antofagasta podrían repetirse en otros sectores del norte chileno, incluida la Región de Tarapacá.

El investigador explicó que existen evidencias preliminares que sugieren la presencia de ecosistemas similares frente a Iquique, lo que abre importantes oportunidades para desarrollar nuevas investigaciones sobre biodiversidad marina y recursos oceánicos.

"Creemos que estos ambientes también podrían existir frente a nuestras costas. Ya hemos identificado organismos que actúan como indicadores de este tipo de ecosistemas y esperamos estudiarlos en futuras expediciones”.

NUEVAS GENERACIONES


Gran parte del material obtenido durante la expedición forma parte de la colección del Museo del Mar Jorge Tomicic de la Universidad Arturo Prat, donde estudiantes, investigadores y la comunidad pueden conocer especies que muy pocas personas en el mundo han observado.
Alexis Gacitúa, profesional del museo, destacó que este trabajo también busca despertar vocaciones científicas. "Todo el material que recogimos está disponible para que los estudiantes desarrollen investigaciones y tesis. Queremos que cada visitante descubra la enorme biodiversidad marina de nuestra región y se motive a seguir investigando".

Agregó que solo durante el último año, cerca de 12 mil personas visitaron el museo para conocer parte de estos hallazgos, fortaleciendo el vínculo entre la investigación científica y la comunidad.

Más allá del descubrimiento de una nueva bacteria, la investigación amplía el conocimiento sobre cómo puede surgir y mantenerse la vida en ambientes extremos, aportando información valiosa para disciplinas como la microbiología, la oceanografía, la evolución y la astrobiología.

La publicación en Scientific Reports posiciona este descubrimiento entre los avances científicos más relevantes surgidos en el norte de Chile y reafirma el aporte de la Universidad Arturo Prat a la exploración de uno de los ecosistemas menos conocidos del planeta, donde cada expedición continúa revelando formas de vida que hasta hace poco permanecían ocultas en las profundidades del océano.