Una Conversación con María Nieves Rico sobre la Sostenibilidad de la Vida y la Igualdad de Género
En el mes de los cuidados, tuvimos la oportunidad de conversar con María Nieves Rico, una destacada investigadora y asesora en la estrategia institucional para la corresponsabilidad. Su trayectoria en el ámbito de las políticas públicas con enfoque de género y derechos humanos la convierte en una voz autorizada en la promoción de los sistemas de cuidados en América Latina.
Todas las personas, independientemente de su condición, necesitamos a lo largo de nuestra vida ser cuidadas, pero al mismo tiempo vamos a tener la experiencia de cuidar. Los cuidados son importantes porque forman parte central de la sostenibilidad de la vida, de la posibilidad de adquirir un cierto bienestar, de mantener nuestra salud, de desarrollarnos”

María Nieves Rico es antropóloga social por la Universidad Nacional de Rosario en Argentina y cuenta con dos másteres: uno en Sociología del Desarrollo y otro en Desarrollo Urbano y Administración Local, ambos obtenidos en España. Su labor ha sido fundamental en la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), donde dirigió las divisiones de Asuntos de Género y Desarrollo Social. Su compromiso con la igualdad de género y los derechos de las mujeres le valió el Premio Raíces del Ministerio de Ciencia y Tecnología de Argentina en 2017.
A lo largo de su carrera, ha escrito más de 100 artículos y libros que abordan temas cruciales como la migración, la familia, la educación, el mercado laboral y la violencia, siempre desde una perspectiva que prioriza los derechos de las mujeres. En su análisis, destaca que todas las personas, sin importar su condición, requieren cuidados a lo largo de su vida, y también experimentan la necesidad de cuidar a otros. Este ciclo de cuidados es esencial para la sostenibilidad de la vida, el bienestar y el desarrollo personal.
La experta enfatiza que el cuidado “no solo es un trabajo, sino un derecho fundamental”. Sin embargo, la organización social de los cuidados en América Latina revela profundas desigualdades de género. Las familias, el Estado, el mercado y la sociedad civil son los actores involucrados en esta dinámica, pero la carga del cuidado recae desproporcionadamente sobre las mujeres. Esta realidad no solo perpetúa la desigualdad, sino que también reproduce la pobreza, ya que los hogares en situación de vulnerabilidad enfrentan mayores responsabilidades de cuidado y menos oportunidades de mejorar su calidad de vida.
A pesar de los avances en la inclusión de las mujeres en el mercado laboral y la educación, la participación de los hombres en el ámbito del cuidado sigue siendo limitada. Esta falta de corresponsabilidad en el cuidado contribuye a la construcción de identidades y desigualdades que afectan a toda la sociedad.
La conversación con María Nieves Rico nos invita a reflexionar sobre la importancia de reconocer y valorar el trabajo de cuidados, así como a promover una distribución más equitativa de estas responsabilidades. En un mundo donde todos necesitamos ser cuidados y cuidar, es fundamental avanzar hacia una sociedad más justa e inclusiva.
Lo que pasa es que estos actores no tienen una participación equilibrada ni justa. Son fundamentalmente las familias las que están a cargo de cuidar a niños, niñas, personas mayores, personas con alguna discapacidad o personas que se encuentren con alguna enfermedad crónica que les impida auto valerse. Pero cuando nosotros hablamos de familias, en realidad estamos usando un eufemismo, porque son las mujeres al interior de las familias las que cuidan"
Y al mismo tiempo, sabemos hoy que el cuidado, por ejemplo, es un factor reproductor de la pobreza. Aquellos hogares que están bajo la línea de pobreza o de indigencia tienen generalmente más responsabilidades de cuidado y menos oportunidades de tener una vida mejor, mayor bienestar, etc. Entonces, si uno quisiera abordar algún aspecto crucial de la desigualdad existente entre varones y mujeres, entre lo masculino y lo femenino en nuestras sociedades, identificaría claramente la división sexual del trabajo y la asignación casi exclusiva a las mujeres del cuidado.
Las mujeres hemos cambiado mucho en las últimas décadas. Hemos accedido al mercado laboral remunerado, hemos accedido a los estudios, hoy con mayor fuerza y énfasis que los varones. Sin embargo, los varones no han ingresado con la misma decisión al mundo de lo privado, a ese mundo donde se sostiene la vida, donde nos cuidamos todos unos y otros, o nos tendríamos que cuidar todos.
Entonces, evidentemente es uno de los aspectos que construye nuestra identidad, pero que también construye desigualdad e injusticia en nuestros países.
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