Jaiña celebra su festividad con música, fe y memoria viva con el apoyo del Circuito Cultural y Patrimonial UNAP
· Una oportunidad para recuperar nuestra identidad ancestral desde el corazón de la cultura andina.
Con el solsticio de invierno como marco natural y espiritual, el pueblo de Jaiña, en la precordillera de Tarapacá, comuna de Huara, se llena de vida cada junio con la tradicional Festividad del Señor Espíritu Santo. Una celebración que entrelaza la devoción cristiana con la cosmovisión aymara, a través de cantos, colores, danzas y rituales que dan cuerpo a una identidad comunitaria profundamente arraigada.
Este año, la festividad contó con el apoyo y colaboración del Circuito Patrimonial y Cultural, una iniciativa de la Dirección General de Vinculación con el Medio y Relaciones Internacionales de la Universidad Arturo Prat, busca visibilizar, poner en valor y acompañar las expresiones del patrimonio vivo del norte grande de Chile.
"Desde el Circuito Patrimonial y Cultural trabajamos por visibilizar y resguardar las diversas expresiones culturales que dan vida a nuestras comunidades. Reconocemos que el patrimonio, tanto tangible como intangible, se construye desde múltiples memorias, saberes y cosmovisiones, y es parte esencial de nuestra identidad colectiva. Creemos firmemente que su valoración debe promoverse desde las nuevas generaciones, en diálogo respetuoso entre culturas. Solo así podremos impulsar un recambio generacional que fortalezca estas tradiciones, asegurando que sigan vivas, en constante transformación y presentes en la vida de los pueblos que cohabitan nuestros territorios”, señaló Violeta Lineros, encargada del Circuito.

MÚSICA QUE ATRAVIESA GENERACIONES
La fiesta, que dura tres días, es mucho más que un evento religioso, es una manifestación de memoria activa, un reencuentro entre generaciones y un acto de resistencia cultural que mantiene en alto los valores ancestrales. Desde la tradicional copala, el descenso musical desde el cerro pidiendo permiso a los ancestros, hasta la procesión y el “día del recuento”, cada gesto, cada sonido y cada paso refuerzan el lazo sagrado entre comunidad, territorio y espiritualidad.
Entre los protagonistas indiscutibles de esta festividad está la comparsa Karpas de Jaiña, agrupación fundada en 1983 y reconocida por preservar la música lakita, una fusión única de zampoñas, quenas, bombos y trompetas andinas. Solamente de esta época queda Jorge Garate Colque, que es actualmente el caporal de los Karpas y fundador también de la familia García, quienes se juntaron e hicieron esta comparsa.
“Nosotros como la agrupación Karpas de Jaiña somos novenantes de la fiesta del Espíritu Santo del Señor de Jaiña. Los Karpas se crearon con esa misión, acompañar a los pasantes, al pueblo, y al Señor, sin cobrar, por pura entrega. Hasta que más se pueda”, señala Mario Cortés, integrante de Karpas de Lakita.

El nombre “Karpa” tiene un origen territorial y simbólico. Proviene de un sector agrícola en la entrada del pueblo, donde antiguamente se fundó la agrupación, al alero de una cruz sagrada que hasta hoy guía la tradición.
“Todo comienza para los Lakitas Karpas de Jaiña cuando deciden ser novenantes para la fiesta del espíritu del señor de Jaiña, e ir todos los años acompañando a los alférez y comunidad de manera desinteresada, y solo motivados por la fe en el señor. Los Lakitas nacen por la necesidad de amenizar y acompañar ceremonia ancestrales. Las comparsas se conforman desde la orientación de incorporar las voces a las canciones y tonadas”, recuerda Cortés.
Así durante tres días consecutivos, Jaiña vibra con ceremonias religiosas, rituales aymaras, pasacalles y talleres comunitarios. La figura del alférez inicia los ritos, los pasantes activan la celebración; y los Karpas abren la jornada al amanecer con música y compromiso.
“Entramos al pueblo a las seis de la mañana, con ceremonia. Luego vamos casa por casa invitando a la gente. Aunque el pueblo es chiquitito, lo recorremos completo. Después viene la entrada de cera, la misa, la procesión y el cierre. Y al final, el día del recuento, para agradecer todo lo vivido”, relata Cortés.

CULTURA VIVA QUE SE HEREDA
La comparsa no es solo una agrupación musical, es una escuela de transmisión cultural, donde padres, hijos y nietos comparten escenario y sentido de pertenencia.
“Tengo la gracia de ser hijo de un músico que tocó en varias comparsas en Iquique. Hoy seguimos esa huella. Muchos de nosotros venimos de familias donde la música es herencia. Eso nos llena de orgullo”, afirma con emoción.
“Gozamos con la música y con el sentimiento de pertenecer a la comparsa más antigua de Chile. Y esperamos que la fiesta siga creciendo. No solo desde la Quebrada a Aroma, sino también a Chiapa, a Jaiña, donde podamos llegar con redes de apoyo. Me siento digno de transmitir esta música. Y si es con los Karpas, mucho mejor”, concluye Mario Cortés.
La Festividad del Señor Espíritu Santo en Jaiña se suma al circuito de celebraciones religiosas andinas como las de Camiña, Mamiña o Sibaya. Todas ellas dan cuenta de un patrimonio que respira, se adapta, y se transmite con fuerza desde la cordillera al mundo.
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