Miércoles 6 de agosto de 2025
Junto a UNAP y Programa Originarias de ONU Mujeres

En comunidades virtuales de práctica educadoras indígenas reescriben la enseñanza desde sus territorios

Educadoras de lengua y cultura indígena, tradicionales e interculturales de todo Chile se reúnen en comunidades virtuales de práctica para compartir conocimientos ancestrales, fortalecer la identidad cultural y enriquecer la educación parvularia. La iniciativa es impulsada por el Programa “Mujeres y Niñeces IndÍgenas ,Transformando Entornos “, de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Arturo Prat (UNAP) junto al programa Originarias de ONU Mujeres.

 Cuando la sabiduría ancestral se encuentra con la innovación pedagógica, nacen caminos de transformación educativa. Desde abril de este año, educadoras de lengua y cultura indígena, tradicionales e interculturales de los 11 pueblos originarios de Chile participan en las comunidades virtuales de práctica del proyecto “Mujeres y Niñeces Indígenas Transformando Entornos”, desarrollado por la Facultad de Ciencias Humanas UNAP en alianza con el programa Originarias de ONU Mujeres. Se trata de encuentros mensuales que permiten compartir saberes, experiencias y herramientas pedagógicas, con el propósito de fortalecer la educación intercultural desde la primera infancia, con mirada territorial, reflexiva, colaborativa y transformadora.

Al respecto, Rebeca Sanhueza, Gerenta del Programa Originarias, precisó que “Esta alianza con la UNAP refleja el compromiso de ONU Mujeres y su Programa Originarias con una educación intercultural que nace desde los territorios y se nutre de los saberes de las mujeres y pueblos indígenas. Las comunidades de práctica junto con fortalecer capacidades pedagógicas, también refuerzan el liderazgo y la participación activa de las educadoras en los procesos de transformación personal y cohesión social “.

En tanto, Verónica Apablaza, investigadora, académica y directora del Proyecto  “Mujeres y Niñeces Indígenas Transformando Entornos” y, también, facilitadora de la Comunidad de Práctica,  señaló que el proyecto surge como respuesta a una necesidad concreta, crear un espacio dialógico, accesible y continuo para que las educadoras puedan reflexionar sobre sus prácticas, intercambiar conocimientos y proyectar nuevas estrategias educativas integradoras. “ Tenemos sesiones abiertas a nivel nacional que se realizarán hasta noviembre de 2025,  y a nivel nacional cuentan con el respaldo del Departamento Nacional de Calidad Educativa de JUNJI. Así a través de comunidades de práctica virtuales, se reúnen educadoras de lengua y cultura indígena (ELCI), educadoras tradicionales y educadoras interculturales de los once pueblos originarios del país, revolucionando la educación parvularia al compartir saberes, reflexionando sobre sus prácticas y proyectando una pedagogía intercultural desde sus propias lenguas, culturas y territorios”.

 ¿El propósito de esta iniciativa ? Crear un espacio colectivo de aprendizaje, valoración y transmisión de saberes que permita visibilizar el rol esencial que cumplen las educadoras en la preservación cultural y en la formación de niñas y niños con conciencia territorial. Esto a través de una herramienta simple pero profunda, la conversación.  Paulo Freire así lo afirmaba  cuando decía el diálogo es un componente especial de la pedagogía  donde estudiantes y facilitadores aprenden mutuamente, transformando la realidad a través de la reflexión crítica y la acción. “Queremos fomentar el aprendizaje mutuo, el respeto entre culturas y el reconocimiento del valor del saber ancestral en la educación de niños y niñas”, afirmó Francisca Muñoz, coordinadora de formación y facilitadora del proyecto.

 Estas comunidades de práctica han crecido rápidamente. Lo que comenzó en la Región de Tarapacá se amplió a nivel nacional, permitiendo la participación de los 109 ELCI que se desempeñan en jardines infantiles de Junji en todo Chile, además de educadoras y educadores de párvulos de distintos establecimientos educacionales en el país.

 “Compartir lo que hago y escuchar lo que otros hacen permite enriquecer el aprendizaje pedagógico continuo al que se debe todo maestro”, agregó Muñoz.

SABERES COMPARTIDOS

En cada sesión, una educadora expone una experiencia pedagógica intercultural desarrollada con niñas y niños. A partir de ahí, se genera una conversación profunda que cruza territorios, lenguas, espiritualidades y cosmovisiones. Se han compartido celebraciones ancestrales, rituales, cantos, relatos, juegos, prácticas de sanación, uso del fuego, oficios tradicionales y mucho más.

 “El compartir los saberes es una experiencia valiosa. Promueve la comprensión de la diversidad y fortalece la identidad cultural. Fue una entrega para que estos conocimientos no se pierdan y los niños y niñas puedan tener estas vivencias”, expresó María Angélica Valdivia, educadora tradicional diaguita andina, del Jardín Infantil Semillas del Portal de Coquimbo.

Uno de los relatos presentados abordó la cultura del Ekeko, símbolo de abundancia en la cosmovisión andina, donde se trabajó con niñas y niños desde un enfoque educativo, espiritual y cultural.

“Compartimos el conocimiento sobre esta celebración y su significado. La abundancia no solo es material, sino espiritual y cultural. Enseñamos también el uso del sahumerio y el respeto al fueguito sagrado”, detalló Valdivia.

Desde la localidad de El Tránsito, en Alto del Carmen, María Franco Campillay, educadora intercultural de la cultura diaguita, compartió con la comunidad virtual de práctica cómo integró la educación ambiental con sus saberes ancestrales, construyendo material pedagógico sustentable para relevar la relación con la naturaleza. “Experimenté una sensación de enriquecimiento personal y conexión profunda con otros educadores. Además , fue una gran oportunidad para dar a conocer nuestras prácticas y demostrar que la cultura vive y educa”, agregó.

FORTALECER LA IDENTIDAD

El impacto de estas comunidades no es solo pedagógico, sino también emocional y político, pues  reafirman la identidad de las educadoras indígenas, fortalecen sus redes y posicionan su rol como agentes clave de transformación.

 “Estos espacios nos permiten compartir saberes y construir comunidades con objetivos comunes, desarrollando habilidades como la comunicación, la colaboración y la sensibilidad cultural”, afirmó Valdivia.

 En tanto, Campillay reafirmó “Claro que fortalece mi identidad. Me permite mostrar nuestras prácticas, evitar que la cultura se pierda y enriquecernos todos con estos conocimientos”.

Además del acompañamiento técnico y el calendario de encuentros, se ha creado un grupo de WhatsApp como red de apoyo permanente. Allí las educadoras y educadores comparten recursos, se consultan y se motivan entre pares. Es un tejido vivo de colaboración que crece con cada encuentro.

 MODELO EDUCATIVO

Las comunidades de práctica están generando un modelo educativo basado en el diálogo intercultural, la horizontalidad, el respeto mutuo y la valoración del saber ancestral. Se espera que este proceso siga creciendo y se proyecte en más niveles educativos.

 “Queremos fortalecer valores como la convivencia respetuosa, el aprendizaje mutuo, el reconocimiento de la diversidad y el diálogo intercultural. Estos principios son clave para una educación con sentido y pertenencia”, enfatizó Muñoz.

Concluyó indicando que en un país diverso, el desafío es construir una educación que abrace esa diversidad y la transforme en fuerza colectiva. Y en esa tarea, las educadoras indígenas ya marcan el rumbo.

Las Educadoras ELCI y educadores tradicionales de todo Chile que deseen participar pueden inscribirse para compartir su experiencia en el formulario: https://forms.office.com/r/tVNsg6EmFz

 

 


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