Escuela de verano de la UNAP despierta vocaciones ambientales en jóvenes del territorio
La Universidad Arturo Prat abrió sus aulas y laboratorios a estudiantes de enseñanza media para acercarlos, desde la práctica, a la ingeniería ambiental y la sustentabilidad.

Con talleres prácticos, trabajo en terreno y experiencias reales de laboratorio, la Universidad Arturo Prat (UNAP) desarrolló la semana pasada la Escuela de Verano “Experimenta con Ingeniería Ambiental: Ciencia, territorio y sustentabilidad”, iniciativa dirigida a estudiantes de tercero y cuarto medio de la región, realizada en el campus universitario, pero también con un recorrido a la Estación Experimental de Canchones . Todo esto con el propósito de acercarlos tempranamente al mundo universitario, promover la conciencia ambiental y despertar vocaciones científicas ligadas al territorio.
La actividad se enmarca en el programa de Vinculación Temprana (VITEM) de la Dirección General de Vinculación con el Medio y Relaciones Internacionales de la UNAP, que cada verano abre sus puertas a la comunidad escolar mediante propuestas formativas gratuitas, presenciales y de carácter vocacional. En esta oportunidad, el foco estuvo puesto en la Ingeniería Civil Ambiental, una disciplina fundamental para enfrentar los desafíos ambientales actuales y futuros del norte del país.

La escuela fue liderada por la directora de la carrera de Ingeniería Civil Ambiental, Elizabeth Jara, junto al académico de la Facultad de Ingeniería y Arquitectura Juan Pablo Segovia, quienes diseñaron una experiencia intensiva de cinco talleres vinculados a las principales líneas de desarrollo de la carrera: tratamiento de aguas, análisis de ciclo de vida, teledetección, sistemas de información geográfica y trabajo en terreno.
“Esta iniciativa surge por dos necesidades muy claras: relevar en el territorio la importancia del cuidado del medio ambiente y, al mismo tiempo, acercar nuestra carrera y la ciencia a los jóvenes”, explicó Elizabeth Jara. “La idea era que pudieran aplicar conocimientos científicos en actividades prácticas, tanto en salas y laboratorios como en el Centro Experimental Canchones, y que vivieran de manera concreta lo que significa estudiar esta ingeniería”.
Durante la semana, las y los participantes no solo aprendieron conceptos técnicos, sino que también vivieron una experiencia cercana a la vida universitaria, interactuando con académicos de la UNAP como Sebastián Pacheco y Eugenio Pizarro, recorriendo además distintos espacios formativos de la Institución. Para muchos, fue su primer acercamiento real a una carrera profesional.

Así lo relata Pedro Gutiérrez, estudiante de 17 años del Liceo Bicentenario Domingo Santa María“Me pareció una muy buena forma de informarme y entender la carrera para mi futuro. Si bien no tengo decidida mi opción, fui conociendo de qué se trataba y me di cuenta de que el tema medioambiental me gusta y me motiva”.

Una mirada similar comparte Azul Huanca, también de 17 años y del mismo establecimiento, quien ve en esta experiencia un aprendizaje más profundo “Quiero estudiar agronomía y esto se relaciona en parte. Espero informarme, pero también tener un golpe de realidad, entender que cada proceso y cada acto tiene consecuencias más grandes de lo que uno piensa”.
Desde una dimensión más lúdica y exploratoria, Matías Vergara, estudiante del colegio Bajo Molle, valoró el enfoque práctico del taller “Ha sido divertido, hemos hecho manualidades, experimentos, construimos una tubería y una planta que nos llevamos a la casa. Me interesaba ver cómo era una ingeniería en verdad, y por eso me sumé”.

Para la UNAP, este tipo de iniciativas tiene un impacto que va más allá de la promoción de carreras. Según destacó el director de Vinculación con el Medio y Relaciones Internacionales, Diego Olivares, la escuela de verano responde a una visión estratégica de universidad pública: “Este programa permite el encuentro entre la academia y la ciudadanía, haciendo que los jóvenes reflexionen sobre lo que hoy existe en distintas áreas , pero también sobre lo que queda por hacer”.

La positiva convocatoria y el interés demostrado por las y los participantes ya proyectan una continuidad. “Este es el primer año que realizamos la escuela y creemos que responde a una búsqueda real de los jóvenes. Incluso quienes no estudien la carrera se llevan conciencia ambiental, y eso ya es un logro”, señaló Elizabeth Jara, adelantando que la experiencia podría repetirse en futuras versiones.
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