UNAP es parte de expedición científica que investiga microplásticos en las aguas más remotas del país

¿Puede el plástico llegar incluso a los rincones más alejados del planeta? Un grupo de científicas y científicos chilenos está empeñado en responder esa inquietante pregunta. Liderados por la Dra. Karla Pozo, académica de la Universidad San Sebastián (USS), y con la participación de la Dra. Gabriela Aguirre Martínez, bióloga marina y académica de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Arturo Prat (UNAP), además de un equipo multidisciplinario, la investigadora zarpó en abril rumbo al Archipiélago de Juan Fernández con la misión de rastrear la presencia de microplásticos en uno de los ecosistemas más aislados del país.
La travesía forma parte del proyecto AEC240008, financiado por la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID), titulado “Plastísfera y su impacto en el ecosistema marino del Archipiélago Juan Fernández”. Así gracias al programa Acceso a Embarcaciones, este grupo de investigadores concretó con éxito la primera de tres expediciones científicas planificadas para 2025 y 2026. Las siguientes etapas están calendarizadas para agosto de este año y enero del próximo.
A bordo del Centinela I, un velero de investigación perteneciente a la USS, partieron desde Talcahuano un total de 10 personas rumbo a las islas Robinson Crusoe y Santa Clara. En total, fueron diez días de expedición, con muestreos en mar abierto y cortas estadías en tierra. El objetivo era recolectar datos que permitieran entender cómo los microplásticos, diminutas partículas invisibles a simple vista, están afectando incluso a la biodiversidad endémica de este emblemático archipiélago chileno.
“Lo que buscamos no es solo saber si hay microplásticos en el agua. También estamos estudiando cómo interactúan con organismos relevantes de la cadena trófica, como el fitoplancton y el zooplancton”, explica la Dra. Gabriela Aguirre desde la UNAP.
La iniciativa no surge de la nada. Este equipo lleva años investigando la presencia y el impacto de los microplásticos en distintos puntos del país, desde el norte hasta el sur. De hecho, la Dra. Aguirre actualmente es coinvestigadora de un proyecto Fondecyt Regular N° 1241723 que evalúa cómo la geografía y las condiciones climáticas extremas del desierto de atacama pueden influir en el transporte de estos contaminantes desde el océano hasta el altiplano. Por su parte, la Dra. Karla Pozo lidera estudios similares en el centro y sur de Chile.
Fue esa experiencia acumulada la que impulsó al equipo a postular al acceso a embarcaciones ofrecido por ANID. “Ir a lugares remotos como Juan Fernández es muy costoso, pero con este financiamiento podemos investigar si estas áreas hasta ahora poco estudiadas, también están siendo alcanzadas por la contaminación plástica”, añade Aguirre.
En esta primera expedición participaron también la Dra. Victoria Gómez de la Universidad Mayor, la Msc. Mariett Torres (USS) y el estudiante Manuel Nova, de la Universidad del Bío-Bío. Juntos, recolectaron muestras de agua y organismos en distintas zonas costeras del archipiélago. Aunque por condiciones climatológicas no se alcanzó a llegar a la Isla Alejandro Selkirk, la más occidental del conjunto, su muestreo está contemplado para la próxima etapa.
Este estudio no se queda solo en las cifras. Busca revelar el impacto ecológico real de los microplásticos en especies únicas, en cadenas alimentarias marinas y en el equilibrio de ecosistemas de altísimo valor biológico. “Si los encontramos, podremos empezar a entender cómo afectan desde el nivel más básico de la cadena alimentaria marina, algo especialmente relevante en lugares como Juan Fernández, donde muchas especies no existen en ningún otro lugar del mundo”, puntualiza la investigadora de la UNAP.
El plástico es ya una amenaza global, y Chile no está ajeno. Mapear su presencia, comprender sus rutas, evaluar sus efectos en el medio ambiente y en la salud humana y, sobre todo, idear soluciones, es el corazón de éste y los proyectos en los cuales la Dra. Aguirre participa actualmente La ciencia, en este caso, avanza a vela, remando contra la corriente de un mar que, aunque aparentemente limpio, esconde partículas invisibles que podrían estar alterando para siempre su equilibrio.
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