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Dispositivo móvil entrega acompañamiento y aprendizaje a niñeces en el Terminal Agropecuario
Dispositivo móvil entrega acompañamiento y aprendizaje a niñeces en el Terminal Agropecuario

El dispositivo móvil no es una tablet ni teléfono. Es una estrategia de acompañamiento, cuidado y educación desarrollada en el marco del proyecto “Mujeres y Niñeces indígenas, Transformando Entornos”, impulsado por la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Arturo Prat junto al Programa Originarias de ONU Mujeres.
Así desde el 2025, estudiantes de la carrera de Educación Parvularia se trasladan cada sábado y domingo al Terminal Agropecuario de Iquique para realizar actividades lúdicas, educativas e interculturales con niñas y niños, mientras sus madres y otras personas cuidadoras trabajan en el recinto. La iniciativa acompaña a las niñeces mientras sus madres están atendiendo en los distintos puestos del recinto. A través de juegos, actividades educativas e interculturales, busca ofrecerles un espacio seguro para compartir, aprender y relacionarse con otros, sin separarlos de su entorno familiar y territorial.
La experiencia ya ha echado raíces, las niñas y los niños reconocen a las estudiantes y esperan su llegada.

Así entre frutas, verduras, ropa, celulares y el movimiento de los puestos de venta, hay una escena que se repite cada fin de semana. Las estudiantes aparecen y las niñas y niños saben que llegó el momento de jugar, aprender y encontrarse. “Me gusta jugar, pasarla bien y desaburrirme”, cuenta Benjamín Díaz, de 9 años, estudiante del Colegio Croacia. Antes, mientras acompañaba a su familia en el local, buscaba cómo pasar el tiempo. Ahora tiene una alternativa que espera cada fin de semana.

También tiene claro cómo son las estudiantes: “Cariñosas, amorosas, divertidas”.
Flor Choque, de 7 años, estudiante de la Escuela Robert Johnson, conoce igualmente la rutina. “Me junto con mis amigos, hacemos actividades y juegos”. Y cuando hay cambio de actividades y no vienen, la diferencia se nota. “Sin ellas, nos aburrimos”, responde al recordar esos días.
AYUDA Y EDUCACION

Para las mujeres que trabajan en el Terminal, este dispositivo móvil representa también un apoyo para compatibilizar sus labores con las responsabilidades de cuidado.
Celi Condori Tito, mamá de Antonella de dos años y seis meses, lo vive directamente. Mientras ordena y atiende su puesto, su hija participa en las actividades. “Es muy importante lo que ellas hacen. Yo estoy ordenando y atendiendo; si no están ellas, ¿quién me ayuda?”.
Su pequeña Antonella comenzó a participar cuando tenía poco más de un año. Con el tiempo, el vínculo se ha hecho tan cercano que ahora incluso cuesta convencerla de quedarse en el puesto. “Cuando la vienen a dejar, ella no se quiere quedar acá”.
En tanto, Carlos Díaz, padre de Benjamín, señala que “Ha sido súper bueno para él, sobre todos los fines de semana, cuando nosotros estamos trabajando. Las tías son muy profesionales y los niños aprenden mucho. Benjamín vuelve súper contento, porque además de aprender interactúan entre ellos y comparten en grupo”.
De esta manera, la experiencia permite que las mujeres indígenas que trabajan en el Terminal desarrollen sus actividades con mayor tranquilidad, mientras sus hijos e hijas cuentan con un espacio cercano de acompañamiento, juego y aprendizaje.
CLASES SIN PAREDES

Para las futuras educadoras, el dispositivo móvil también se ha transformado en un espacio de formación profesional.
Mayra Lovera, estudiante de Educación Parvularia e integrante del equipo, cuenta que trabajan con las familias desde el año pasado y que los niños ya reconocen sus rostros y esperan su llegada. “Enseñar no solamente está en la sala, sino que también está en cualquier espacio donde tú puedas estar un momento con algún niño o niña”.
El desafío implica trabajar con un grupo diverso, con edades que van desde los 2 hasta los 14 años, y adaptar las actividades a sus intereses y necesidades.
A ello se suma la interculturalidad. Las estudiantes incorporan experiencias relacionadas con las tradiciones y saberes ancestrales presentes entre las familias del Terminal. “Hemos tratado de desarrollar actividades donde se valore no solamente el trabajo que hacen las mujeres aquí en el agro, sino también el enfoque intercultural, mostrando las tradiciones y los saberes ancestrales que son el alma de este espacio”.
UNIVERSIDAD QUE SE MUEVE CON LAS FAMILIAS

La coordinadora del dispositivo móvil, Marisol Salgado, explica que una de las principales características de esta experiencia es que la propuesta no espera que las familias lleguen a un espacio educativo, sino que se desplaza hasta donde ellas están.
Cada sábado y domingo, tres estudiantes acompañan a niñas y niños de entre 2 y 14 años en distintos sectores del Terminal, adaptándose a las cuatro ferias que componen este espacio. “Lo innovador es que implementa una estrategia de acompañamiento, cuidado y educación para las mujeres locatarias”.
Salgado explica que esta modalidad permite que la intervención se adapte a la dinámica propia del Terminal y a las necesidades que van surgiendo en el territorio. Las estudiantes se movilizan por los distintos sectores, generan actividades para diferentes edades y construyen vínculos con las familias desde una realidad cotidiana y concreta.
La respuesta, agrega, también se refleja en la relación que se ha construido con las niñas y niños: ya reconocen a las monitoras, esperan su llegada y saben que durante algunas horas tendrán actividades educativas, interculturales y recreativas mientras sus padres y cuidadores trabajan.
APRENDER ES ESTAR

Para Michelle Espinoza, académica de la Facultad de Ciencias Humanas y coordinadora general del proyecto, el dispositivo móvil tiene además un valor formativo para las futuras profesionales. “No están en un jardín infantil ni en una escuela, sino que están en donde las comunidades lo necesitan”.
La experiencia permite que las jóvenes se enfrenten a una práctica pedagógica distinta, observar necesidades concretas, adaptar sus estrategias y comprender que educar también implica conocer el contexto en que viven las comunidades.
Así, el Terminal se transforma simultáneamente en un espacio de acompañamiento para las familias y en un escenario real de aprendizaje para quienes se están formando como educadoras de párvulos.
DEL PROYECTO A LA ACCIÖN
Esta iniciativa busca generar entornos favorables para mujeres y niñeces indígenas mediante acciones que articulan educación, interculturalidad y cuidado. Así en el Terminal Agropecuario, este dispositivo móvil surgió a partir de una necesidad concreta observada entre las mujeres que desarrollan sus actividades económicas.

De acuerdo con la Dra. Marcela Quintana, directora del proyecto y decana de la Facultad de Ciencias Humanas, una de las señales más significativas de éxito de este proceso es el vínculo que se ha generado con los niños. “Escuchamos risas, vemos cómo están jugando y hasta hemos visto que algunos niños salen a recibirlas y acompañarlas hasta donde están instaladas. Eso habla de cómo el proyecto ha ido impactando en este contexto”.
La experiencia también abre una posibilidad para la formación universitaria, de tal manera que las futuras educadoras sigan aprendiendo en espacios distintos al aula tradicional y que la Universidad responda a necesidades que nacen directamente desde las comunidades.
Porque en el Terminal Agropecuario la educación no llega con campana, pizarra ni uniforme. Llega cada fin de semana, entre frutas, puestos, juegos y conversaciones. Se mueve por el territorio y encuentra allí a quienes ya aprendieron a esperarla.
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