Mujeres aymaras toman los micrófonos para narrar su historia y cultura en la UNAP

Por primera vez, Kattiza y Margarita se enfrentaron a un micrófono no para responder preguntas, sino para hacer oír sus propias voces. Voces cargadas de historia, de lucha, de ternura y memoria. Voces que ahora suenan con fuerza desde la Escuela de Podcasts y Cápsulas Educativas, una iniciativa impulsada por la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Arturo Prat (UNAP), en conjunto con el Programa Originarias.de ONU Mujeres
Este espacio, enmarcado en el proyecto “Mujeres y niñeces indígenas, transformando entornos”, se ha convertido en una plataforma para que mujeres aymaras se empoderen y compartan su visión del mundo, en su lengua, con su identidad, y en sus propios términos.
“Me siento muy contenta de participar en este podcast. He aprendido a enfrentarme al público, a traspasar mi cultura a generaciones jóvenes y niños. Que todo esto quede encapsulado es importante, porque las kullacas tienen tantos relatos andinos, historias, emprendimientos, formas de ver la vida que merecen ser contadas”, cuenta emocionada Kattiza Pizarro Taucare, profesora, emprendedora y orgullosa mujer aymara.
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En esta Escuela no solo se habla de técnica, edición o guiones. Aquí se despiertan memorias, se sueltan emociones contenidas y se resignifica el dolor.
“Mi podcast habla de mi lucha, de no saber nada, de ser madre de un hijo con autismo. Fue muy sacrificado, yo me hacía la fuerte, trabajaba, y recién ahora estoy entendiendo lo que viví. Ahora quiero llorar, soltar lo que escondí por años”, dice con voz firme Margarita Álvarez, educadora de Lengua y Cultura Indígena (ELCI), nacida en Ungallire, en la comuna de Putre de Arica y Parinacota.
Margarita aprendió en este proceso a hablar fuerte, a modular sin miedo y a mostrarse vulnerable, algo que durante años evitó por temor al juicio. Su historia como madre de en ese entonces un niño con trastorno del espectro autista (TEA), hoy de 26 años, emociona y conmueve.
“Cuando nació mi hijo escuché muchas críticas. Me hacían sentir que debía esconderme, pero yo decidí lo contrario. Lo llevé a cumpleaños, a actividades, lo ayudé a socializar. Hoy es mi mayor orgullo”.
Mientras Kattiza graba relatos andinos para niños y niñas o habla de su emprendimiento, Margarita transforma su testimonio en una cápsula de resiliencia que puede llegar a otras madres, a otras mujeres, a otros mundos.
Ambas han encontrado en el podcast no solo una herramienta, sino una forma de preservar su lengua, su cosmovisión, su legado.
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